¿No
se le ocurre acaso conversar conmigo? ¿Tendrá poco tiempo para
comer? Y en sí, no puedo saber nada de ellos, casi ni siquiera qué
cosas valdría la pena preguntarles. ¿Y si les pregunto qué hacen;
con qué cosas disfrutan; si creen que hay cosas y realidades capaces
de sobrepasarlos, de sobrepasar nuestra humilde condición de formas
de un cuerpo? Me pregunto si le gustará mi compañía, o si se
sentirá intimado. Y me sigo preguntando... ¿Realmente somos capaces
de asumirlo todo, de hacernos con eso insoportable, de resistirlo y finalmente perdonarlo?