“Lo expresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico.” (Wittgenstein, Ludwig, Tractatus logico-philosophicus) ¿Qué es lo místico? Ciertamente es un concepto difícil de definir y probablemente para Wittgenstein, tarea imposible. La pregunta resultaría absurda y el mero esboce del concepto lo libraría satisfactoriamente de dar más explicaciones al respecto.
¿Cómo definir entonces lo místico? Desde la única referencia que tengo hasta el momento, basada en el libro lo santo de Rudolf Otto, me arriesgaría a definirlo como un tipo de sentimiento. Sin embargo, siempre he pensado que el sentimiento no puede tener en sí mismo algo positivo; incluso, lo he cargado no pocas veces de connotaciones del todo negativo. Y pues, hay que hacer la aclaración que el sentimiento tiene distintas formas y (sobretodo) tiene distintas clases (en el sentido cualitativo de la palabra).
Probablemente este sesgo que poseo referente a cualquier tipo de sentimiento se debe a que en el mundo en el que vivimos, las personas se mueven más por sentimientos que por razones. Este fenómeno, nos presenta un problema cuando queremos hacer algo por estar convencido de ello, pero algún sentimiento nos retiene a hacerlo. Creo que hay sentimientos que están más inmersos en el hombre y que probablemente le deberíamos dar otro nombre que aquel que le damos al sentimiento de antipatía hacia algo.
Lo místico tiene por una parte su aspecto de irreal, de que esto no me puede pasar. Es en cierto sentido racional, pero la razón tarda en asimilar la sensación como propia. Tiene también quizá un aspecto de ser un sentimiento de lo más indomable, de que una vez combatido da vueltas y vuelve a estar en guardia. Son también referentes a la vida en su totalidad, en su experiencia finita y en la nunca experimentada muerte.
La filosofía, hasta lo que he visto, se mueve más allá de su propia expresión, de incluso lo que se está diciendo, cuando presupone relaciones que no están de alguna manera ahí. Es entonces cuando parece rayar con lo contradictorio cuando no se conceptualiza y hace así el salto que deja un vacío amplio e incuantificable (y sobretodo lo segundo).
Wittgenstein en su texto parece a través de la superación de conceptos por los conceptos mismos, ir en contra de la misma ética (en el sentido más existencial del término). Lo hace al responder que el sentido de la vida, finita, insertada en el tiempo y el espacio; sólo puede ser comprendida post-mortem cuando ninguna de estas dos cualidades exista ya.
Entonces, si entiendo bien, las preguntas sobre qué debo hacer o hacia adónde voy (por citar las que creo que son más clásicas), son incontestables. El pensamiento no puede de ninguna manera llegar a su feliz respuesta. ¿Acaso el hombre no necesita ser guiado hacia un fin que su razón, en cierta forma propone? Y si es así, ¿Pretende entonces Wittgenstein que lo místico pueda ser reflejado como pensamiento racional y guie de esta manera al actuar del hombre? ¿Es la estructura racional compatible con el misticismo de alguna manera? ¿Son acaso mis preguntas “absurdas”?
Sigo creyendo que si al menos lo místico no puede ser pensable al menos es evocable (también me baso aquí en el libro de Otto), afirmando así también por el camino que no me permito pensar que no exista. Creo que el camino de vuelta es mucho menos claro, el camino que me permite regirme por aquello que según el autor no sólo me inquieta aunque y no le puedo dar respuesta, sino que además es aquello entorno a lo que ninguna pregunta por mí formulada tendría sentido. De repente al igual que yo, después de escribir el Tractatus; el también siguió preguntándose, no como una mera pregunta sino como una especie de interpelación. Me resulta curioso ver como un trabajo que por un lado es tan lógico, al final se mezcle entre tanto misticismo. Un misticismo como algún sentimiento indomable tal vez y que lo lleva afirmar rotundamente: “lo inexpresable, ciertamente existe. Se muestra, es lo místico.”
Sebastián Vier

No hay comentarios:
Publicar un comentario