miércoles, 24 de abril de 2013

Entre el relativismo conversacional y la teoría del juego

No pretendo ser exhaustivo con este trabajo. Simplemente, quiero por un lado señalar mi desagrado hacia planteamientos relativistas que tienen en mi opinión, poca reflexión por detrás. Y por otro lado explicar por qué creo que hay otros que son más difíciles de refutar. De esta forma, quiero expresar mi desacuerdo con las críticas que meten (ya sea adrede o sin quererlo) en un mismo saco los diversos tipos de relativismos. Intento también dar algunas luces de un tipo de relativismo al que se le puede llamar conversacional, y cómo lo entiendo yo a través de lo que comprendo de la teoría del juego.

Como digo, no intento resolver aquí ni el problema del relativismo, ni el problema de hasta qué punto conocemos la verdad; problemas reales pero muy complejos para tratarlos aquí. Me contentaré si al final de este ensayo el lector se la piense dos veces antes de hablar de relativismo sin hacer dentro de él ningún tipo de distinciones(aunque lo más probable es que ya lo haga).

Hasta donde yo puedo ver, hay distintos tipos de relativismos. Digo “relativismo”, aunque el término pueda ser causa de enfado y me puedan tildar de fundamentalista cristiano o de “estalinista de la opinión pública”. De igual manera quiero ahora decir algo al respecto.

Lo primero es explicar qué quiero decir con relativismo. Esto puede parecer muy evidente, pero si quiero darle diversas posturas al mismo género, me parece conveniente dar cuenta en qué aspectos a mi entender se relacionan entre sí. Creo que no tiene sentido mostrar las diferencias entre cosas que de por sí no tienen mucha similitud entre ellas.

Por poner un ejemplo, uno bien podría comparar una casa con una hormiga. Sin embargo, exponer las diferencias entre uno y otro no tiene sentido dado que no se asemejan lo suficiente. Es decir, las semejanzas que guardan el uno con el otro son tan mínimas, que si enunciase un conjunto de todos los elementos que contienen dichas semejanzas, el conjunto sería tan grande que para hacer las relaciones pertinentes tardaríamos mucho tiempo. Creo (y se sigue de lo anterior) que la distinción se hace en base de conjuntos y no de elementos particulares. Que si bien se comparan los elementos, la comparación de alguna manera siempre tiene de base el conjunto.

Además, hay una razón mucho más sencilla por la que yo no haría una comparación entre una hormiga y un elefante: no tengo un propósito específico para hacerla. Así, retomando el tema anterior, para hacer una distinción de los distintos tipos de relativismo, tengo que dar algún fundamento a mi proceder. La razón que doy, es que me parece que a veces se le da a todos los tipos de relativismos un mismo tipo de crítica, cuando en realidad, no todos ellos comparten aquellas propiedades que se están criticando. Es como darle un zapato a un pie que al ser más grande no calza, que si bien la forma es la adecuada, el tamaño hace toda la diferencia.




Entonces, ¿qué entiendo yo por relativismo? Entiendo por relativismo un planteamiento respecto al pensamiento humano que pretende superar las diferencias existentes de creencias u opiniones que tienen distintas personas, al dar a todas estas el mismo valor (en el sentido de valoración en general y no como simple respeto a las creencias). De esta manera para la gente que sostiene el relativismo, parafraseando a Jaime Nubiola, pretender buscar la verdad resulta ser algo de mal gusto.

Entendido así el relativismo se enfrenta contra la evidencia del hecho contrario: que si bien podemos estar en desacuerdo en muchas cosas,  es posible encontrar algún tipo de similitud entre mi pensamiento y el pensamiento del vecino, al menos a un nivel básico que me permite conversar con él. Se ha dicho muchas veces que el lenguaje es social, y creo aún que el mismo pensamiento tiene ese carácter de comunicación, en el sentido de que es presentado en palabras. Entonces los distintos relativismos se distinguen dependiendo de la justificación que dan a ese hecho que nos permite conversar e incluso discutir entre los seres humanos.

En primer lugar, existe el relativismo que no da ningún tipo de justificación. Es el relativismo que niega a secas el principio de no-contradicción.  El mismo que Aristóteles critica diciendo que daría lo mismo la vida para esas personas si fuesen plantas. No sé si hay alguien que conozca a profundidad este principio y tenga este tipo de planteamiento en su nivel más básico; nivel donde no existe para él ninguna fundamentación válida, donde por decirlo de alguna manera, falta la herramienta necesaria para debatir e ir en contra del mismo principio.

En segundo lugar está un relativismo del “yo creo tal cosa, tú crees tal otra cosa y todo va bien”. Es un relativismo que no es encasillable en el anterior porque no llega a sus últimas consecuencias. Creo que es un tipo de relativismo que tiene bastante tiraje en la sociedad actual. En la primera carta del libro de C. S. Lewis “Cartas del diablo a su sobrino”, el autor dice que era bueno que el paciente (es decir aquel a quien el demonio debe hacer todo lo posible por mandarlo al infierno) tuviera una docena de teorías incompatibles en la cabeza. Hay ciertas creencias que son incompatibles una con la otra, uno no puede creer en que Jesús es el Hijo de Dios y al mismo tiempo aceptar la opinión acerca de la reencarnación. Y creo que el planteamiento se da porque como ninguno de los dos está seguro al respecto y no necesitan dicha resolución en el día a día, le dan a él poca importancia. Es más complejo que eso, porque se puede plantear problemas menos vitales y cómo responde este relativismo a dichos problemas. Además, esta es la concepción más básica de este planteamiento que a su vez tiene sendos giros de tuerca.

Finalmente, expondré lo que yo entiendo por relativismo conversacional. Esta noción la tomo del ensayo sobre pragmatismo y relativismo de Jaime Nubiola. Lo que entiendo acerca de este planteamiento es que tanto la filosofía como cualquier otro tipo de saber enmarcan su discurso en un tipo específico de lenguaje que le pertenece al tema que se está tratando. De esta manera, se pueden otorgar principios a los distintos saberes, siendo estos principios intrínsecos a cada uno de los lenguajes y lo suficientemente distintos de  otros principios para mantener la disociación entre  saberes. Por dar un ejemplo, lo que se puede decir en una conversación de filosofía, no tiene relación alguna con lo que se pueda decir acerca de la poesía. Así la valoración de las conclusiones es relativa al lenguaje que se emplea.

Creo que este planteamiento llega a responder a la pregunta de por qué podemos llegar a  estar de acuerdo en algunas cosas y al mismo tiempo, a mi modo de ver, marcar los límites entre lo que podemos y no podemos estar de acuerdo. Pero creo que incluso así, si es que llegamos a estar de acuerdo, hay de fondo un cierto principio racional en todos los tipos de conversación. El estar de acuerdo no es lo mismo que estar en lo cierto, y en ese sentido podría uno pensar en cómo ha de justificar los distintos límites que restringen cada los tipos de conversación. Sin embargo, creo que es mucho más sensato este relativismo, al que acepta sin más la opinión del otro, cuando se intuye que de alguna manera pueda no ser compatible con la propia.

Cuando era más pequeño jugué unas cuantas veces un juego de mesa que se llamaba Civilization. En el juego, uno tenía que expandir su civilización e ir avanzando por las distintas épocas (piedra, bronce, etc). En el juego de vez en cuando había conflictos entre quien podía o no establecerse en un territorio, pero debido a las normas del juego, era imposible jugar teniendo una visión imperialista e intentar ganar atacando a los vecinos. En resumidas cuentas, si uno era riguroso con sus tierras, uno siempre tenía mejor ejército y más gente que aquel que se centraba solo en expandirse. Así el juego no permitía ciertas formas de jugarse.




Me parece que se puede hacer una relación entre esas normas que rigen los juegos y las reglas que rigen cada uno de los lenguajes de las conversaciones. Creo que estas normas además de establecer ciertos principios en el juego permiten que pueda ser desarrollado de manera racional distintos modos de jugarlo. Es decir que, conocer los principios que rigen lo que se puede o no hacer, no nos deja sin posibilidad de desarrollo. En el ajedrez por ejemplo, uno puede jugar con unas cuantas reglas que son sencillas, pero a la larga el desarrollo de este juego sobrepasa garrafalmente la explicación de sus normas. Creo que el lenguaje tiene ese aspecto de juego porque tiene sus propias reglas. Sin embargo, creo también que lo que lo hace tan gustoso para el hombre es que en el fondo este se da cuenta que busca, que a través de él puede conoce la verdad y que incluso con sus límites, es posible alcanzar al menos parte de ella.

Sebastian Vier

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